Javier Milei se apresuró
en celebrar la supuesta
salida de la pobreza de 14 millones de personas desde que asumió el
gobierno. Para hacer ese cálculo el presidente atribuyó a la herencia
recibida el pico de pobreza del primer semestre de 2024 cuando alcanzó el 52,9%
de la población como resultado de la devaluación de diciembre de 2023 que
anunció su ministro de Economía y la inflación registrada durante ese mes y
enero de 2024.
Lo cierto es que el camino
descendente que se registró a partir de ese pico habría cambiado el sentido a
partir de fines de 2025 y durante todo el primer semestre de este año.
Si bien el INDEC dará a conocer
el informe oficial de pobreza e indigencia el próximo 24 de septiembre, estimaciones
privadas dan cuenta de un cambio de tendencia desde el piso reciente registrado
para el último semestre de 2025 cuando el 28,2% de la población vivía
en hogares que no reunían los ingresos necesarios para superar el valor de una
canasta básica total (CBT).
A partir de ahí y como resultado
de la persistencia de la inflación y la caída del salario real, la pobreza
comenzó un camino ascendente que, según las estimaciones del Nowcast de pobreza
que elabora la Universidad Torcuato Di Tella bajo el liderazgo del
econometrista Martín Rozada.
Según el estudio basado en los
microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares ya disponibles y sobre la base
de los cuales el INDEC realiza su propio estudio, el porcentaje de la
población que vive en hogares pobres habría escalado hasta un 32,7% para
el segundo trimestre de 2026.
Sin embargo, según el estudio de
Martín Rozada, el promedio de todo el primer semestre, que es lo que se difundirá
el 24 de septiembre, da como resultado un 31,4% que merma levemente
hasta un 31,3% para el semestre que va de marzo a agosto.
Así las cosas, en pocos meses la
pobreza habría escalado en 4,5 puntos que representan más de dos
millones de personas sobre el total de la población.
Con todo, en la realidad, el
escenario debiera ser todavía más sombrío en tanto la pobreza traza una línea
divisoria entre los ingresos de las familias y el valor de la canasta básica
total sin atender lo que se conoce como “ingreso disponible”.
Se trata de los ingresos
que restan luego de afrontar otros pagos como impuestos, servicios y,
por ejemplo, el endeudamiento que
muchas familias arrastran precisamente desde aquel pico de pobreza del 52% del
cual nunca pudieron terminar de emerger.
El dato, además, resulta imperfecto en tanto surge de estimaciones de inflación forjadas con la metodología no actualizada del IPC según los nuevos hábitos de consumo (ENGHO) y, además, sobrestima ingresos de los asalariados informales que, según la información oficial, recuperaron ingresos en más de un 60% en términos reales.
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