La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina, .
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Alex Campbell: El hijo PROdigo

Con lealtad ganó la confianza de Vidal, que lo encumbró. Pero malgastó ese capital político y paga casi en soledad, tras la acusación por espionaje.


Alex Campbell experimentó por primera vez desde que se sentó a la mesa chica de Juntos por el Cambio los avatares de haber perdido parte del poder que consiguió al calor de grandes jefes políticos como Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. En tiempos en que aún caminaba la provincia de Buenos Aires con la boleta de 2019, soñaba con presidir la Cámara de Diputados bonaerense, mientras sumaba rondas de café con los intendentes más importantes de todos los espacios políticos. Hoy, con su nombre en causas que involucran a espías y otros exfuncionarios amarillos, muchos de sus compañeros en la oposición lo miran con desdén. La razón de ello parece estar fundada, en parte, en que malgastó el enorme capital político que le transfirió su protectora; no lo usó debidamente para tender puentes y alianzas y ahora paga casi en soledad. Pese a todo, desde su banca sigue siendo, al menos hasta el momento, la voz más pulida de la exgobernadora en la Legislatura.


Licenciado en Ciencia Política de la Universidad Católica (UCA) y con estudios en el St. Andrew’s Scots School, más conocida como la Escuela Escocesa San Andrés, es también socio fundador de la Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA) y uno de los gestores de la bodega Finca Los Maza.
Bisnieto de un exgobernador de Mendoza y miembro de una familia acomodada en San Fernando, inició su carrera política en el PRO en tiempos en que Mauricio Macri recién daba sus primeros pasos como jefe de Gobierno porteño. Hizo su primera incursión electoral en 2011, cuando peleó la intendencia contra el histórico peronismo de San Fernando. Lo hizo con una ínfima estructura amarilla y una desconocida boleta corta. Perdió de manera descomunal aunque se le abrieron puertas a las que fue accediendo por su impronta militante y su lealtad al espacio.
Se instaló de a poco y en 2013 logró acceder a una banca en el concejo deliberante. Dos años después, intentó nuevamente ganar la intendencia, pero quedó tercero detrás del massista Luis Andreotti y el kirchnerista Matías Molle. Ese mismo año, en diciembre, Vidal lo nombró subsecretario de Gobierno y Asuntos Municipales bonaerense, desde donde comenzó a tejer redes con los 135 jefes comunales de la provincia de Buenos Aires y, en paralelo, moldear e instalar a candidatos puros en distritos opositores. Un lugar que se ganó por haber llevado la nómina del PRO desde el inicio; una suerte de muy buena paga consuelo tras no alcanzar la victoria en su distrito, como sí lo hicieron otros dirigentes con una trayectoria política similar a la suya como Pablo Petrecca en Junín o Ezequiel Galli en Olavarría


Desde ese lugar se ganó el mote de armador, e incluso llegó a opacar al ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre, el encargado natural de construir la fallida pata peronista de Cambiemos en territorio bonaerense. Un buen número de responsabilidades que le fueron delegando Vidal y su jefe de Gabinete, Federico Salvai, en los primeros años de gobierno y que con el diario del lunes y los votos contados en las elecciones de 2019 lo pusieron en el centro de las críticas.
“Alex fue el jefe de mantenimiento de la mesa chica”, reseñó a Letra P un dirigente importante del espacio. Una forma particular de describir su rol no escrito dentro de la subsecretaría que presidió. “Los acuerdos y negociaciones más importantes siempre los comandó Salvai y cuando alguno de los puntos por alguna razón no se cumplían era Alex el encargo de sostenerlos”, amplió. Desde ahí sumó agenda y creció. 
Quienes toman muchas de las decisiones en el espacio le reconocen esta historia pero le achacan falta de generosidad. Afirman que en los cuatro años que ocupó un despacho en la Gobernación convidó poco y se encerró con los propios a repartir los beneficios del poder. Recuerdan, por caso, su falta de amplitud en el armado de listas, donde manejó una de las lapiceras. Ubicó a sus hombres y mujeres de confianza en la Segunda, la Cuarta y la Séptima secciones electorales e incluso en la Primera, región en la que los intendentes de Juntos por el Cambio tienen más peso. Un desequilibrio que piensan balancear de cara a próximos comicios y que sin dudas traerá heridos en el ala vidalista. “La política hoy pasa por los intendentes”, advierten.


Esa falta de cintura política lo puso en varias oportunidades en medio del ruido interno en épocas de pandemia, como cuando organizó una videoconferencia con dirigentes de la Tercera sección electoral y olvidó incluir al intendente de Lanús y peso pesado del sur, Néstor Grindetti, quien reposa gran parte de su política y armado en los legisladores Adrián Urreli y Lorena Petrovich. Un malestar que escucharon incluso en distritos de la zona norte y que en la política cuesta perdonar. Por eso, hoy piden autocrítica y reiteran que no están dispuestos a tener que pasar por Campbell para hablar con Vidal. Una disputa que pareciera ser parte de la interna que se deben por estar en la oposición.
En el oficialismo también le reconocen a Campbell su línea directa con Vidal. Fue el nexo para llegar a ella. También recuerdan que fue uno de los operadores de la Ley de Responsabilidad Fiscal, una iniciativa que generó enormes tensiones con algunos sectores de la oposición y en la que jugó un papel trascendente.


Por ese entonces, los intendentes del kirchnerismo denunciaron presiones del oficialismo para adherir a la ley como condición para seguir recibiendo asistencia económica por parte del Gobierno bonaerense. “Cuarenta municipios decidimos no firmar porque avasallaba la autonomía de los municipios y desde ahí comenzó un juego de extorsión: si no firmabas no había nada”, coincidieron dirigentes de distritos comandados por el Frente de Todos.
Pese a la repercusión mediática y política de las denuncias en su contra -que lo sindican como parte del entramado de escuchas ilegales del PRO- todavía no prendió en sus pares de Juntos por el Cambio ningún tipo de respuesta en on. Ni aceptación, ni rechazo. No hubo voces de indignación republicana refiriéndose a un operativo de persecución política ni moderada aceptación. Por el momento, el silencio parece ser el mejor aliado y un refugio ante una causa de la que, por el momento, se desconoce el alcance. En algo todos están de acuerdo: el avance de la investigación del juez Federico Villena genera temor y desvelos más allá de los implicados.

 Por  / Letra P
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