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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,

El primer semestre cierra con balance negativo

Por Diego Estevez

A pocos días de cumplir los primeros seis meses de gobierno, el arranque de la era Macri combina caída del consumo (-27% en comercios minoristas) y del PBI (-2/3% según privados), alta inflación (cerca de 50% anual proyectado), un mercado laboral que arrastra cuatro años de estancamiento (desempleo superior al 10% más el 30% de empleo no registrado) y enormes transferencias de ingresos de sectores asalariados a propietarios del capital, tanto de trabajo como financiero.
Según revela un informe elaborado por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), que depende de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), el giro económico del Gobierno se da a un modelo ortodoxo de corte liberal que beneficia ostensiblemente a los sectores más concentrados. En el escrito se critican el tarifazo y la quita de retenciones como política fiscal para recaudar y redistribuir.
Con argumentos cuestionados por economistas ortodoxos y más heterodoxos –la concentración de la riqueza sólo muestra una curva ascendente que no se detiene desde los años 90- el estudio realizado por economistas de la central sindical desnuda la endeblez de argumentos remanidos en un esquema clásico ortodoxo, como el creciente endeudamiento, un mercado laboral inestable con tendencia a la flexibilización permanentemente añorada por las patronales, un tipo de cambio alto que beneficia a sectores exportadores y escasos estímulos reales para generar el shock de inversión tan prometido, según publica Letra P.
El de la inflación es un tema aparte: ni en el peor escenario los economistas de Cambiemos proyectaban niveles inflacionarios superiores al 50% anual, que es el rango en que hoy fluye la economía argentina de la mano del “operativo sinceramiento”. Lo que también empieza a quedar más claro es la falta de un plan integral para luchar contra la suba sostenida y generalizada de los precios.
Los economistas Mariano BarreraMariana González y Pablo Manzanelli sostienen que “la estrategia económica de la alianza Cambiemos reflejó un giro copernicano en el tipo de Estado a través de la implementación de un fuerte shock ortodoxo de carácter neoliberal. La política económica sustenta sus acciones en: por un lado, reemplazar las políticas regulatorias por el libre juego de la oferta y la demanda (es decir, su delegación a aquellas fracciones del capital que tienen mayor incidencia en la estructura de los mercados), y, por el otro, poner en marcha una política de “ajuste económico” que implica un salto significativo en el ritmo inflacionario, reducción del nivel de actividad económica y una profunda transferencia de ingresos del trabajo al capital y, dentro de éste, especialmente hacia el sector financiero y los terratenientes pampeanos”.
De acuerdo con datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), el estancamiento y la caída en el nivel de actividad fue casi generalizado, si se exceptúan el sector de alimentos –fundamentalmente, la molienda de oleaginosas- y la industria química.
Para CIFRA, la devaluación, combinada con la quita de retenciones y el aumento en las tarifas de los servicios públicos, provoca considerables subas de precios que tienden a erosionar rápidamente el aumento de la competitividad externa que surge de la devaluación (tipo de cambio real). La suba de la tasa de interés, el ancla cambiaria y la reducción del nivel de consumo buscan mitigar el efecto inflacionario de las medidas desplegadas. En este sentido, la reducción de los salarios reales y el nivel de empleo son funcionales para bajar el consumo. De todos modos, las paritarias se encuentran abiertas y en pleno proceso y su resultado depende de la relación de fuerzas sociales.
“Los senderos de la nueva política económica presuponen que logrando el equilibrio fiscal se restauraría el nivel de inversión. Esto es ciertamente discutible por sus fundamentos económicos y por el hecho de que, si bien algunas de las medidas implementadas suponen un aumento de la rentabilidad, y por ende un incentivo a la inversión, la caída del consumo interno ejercerá presiones contrarias en un escenario en el que los mercados externos no dan indicios de expansión sino más bien lo contrario”, asegura el informe de la CTA.
Para los economistas de CIFRA, los conflictos sociales se agudizarán frente a un escenario de recesión económica con fuerte especulación financiera fomentada por el alto rendimiento en dólares de la tasa de interés que fija el Banco Central. Por eso, el elevado endeudamiento externo implícito en el programa fiscal y el acuerdo con los fondos buitre puede generar, si se accede exitosamente al crédito internacional, las divisas para compensar la restricción externa y financiar la fuga de capitales, que ya no estará originada en ganancias productivas sino en la renta financiera. Se trata de un escenario sumamente regresivo y con fuertes pugnas distributivas que, a diferencia de otras etapas históricas, no tiene una crisis económica que la precede.