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La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina,

Deuda heredada de US$ 1000 millones a contratistas de vialidad



Los constructores viales les cambió la mueca. Por estos días, el Gobierno afina una propuesta para terminar de pagar la deuda que Vialidad Nacional tenía con el sector y que permitiría llegar a fin de años con los certificados al día.

La negociación es lenta. No es para menos, en el medio hay alrededor de 1.000 millones de dólares que es lo que suma la deuda que la administración pública tiene con los empresarios de las rutas. Los constructores esperaban un bono pero todo parece indicar que será efectivo y en cuotas. A cambio les pedirán que regresen a la lo obradores con ímpetu y no con la velocidad crucero que transitaron en los últimos años.


Cuando la nueva gestión de Vialidad Nacional se hizo cargo la deuda llegaba a 12.800 millones de dólares. En ese paquete estaban alrededor de 900 obras licitadas, entregadas a los contratistas pero con una enorme deuda que impedía el avance. Obradores en modo espera.

Mes a mes corría por Vialidad la "lista de la felicidad", llamada así por los empleados por las noticias frescas que traía. Desde la oficina de José López, el ex secretario de Obras Públicas, bajaba un escueto papel en el que se enumeraba a quiénes y cuánto se liquidaba ese mes. Los parámetros del desembolso tenían que ver con procedimientos no demasiado claros y más cercanos a la discrecionalidad. Alegrías y frustraciones se repartían por igual.


Sin embargo, jamás se avanzaba en pagos que permitieran acelerar las obras, salvo, claro está, la excepción que representaba Austral Construcciones que tenía sus acreencias al día o incluso adelantadas. Así vivió el sector desde 2011, con alrededor de 1000 millones de dólares de deuda constante y con una exigencia del Gobierno: mantener la obra viva, aunque no se avance pero sin que se desmantele un solo obrador.

De aquellos 12.800 millones de pesos ya se pagaron alrededor de 4700 millones en los primeros meses de gestión. El dinero calmó la ansiedad de los empresarios, muchos de ellos cargados de deuda financiera por la que pagan intereses muy costosos. Además, la promesa de pagar los certificados de obra nuevos, se empezó a cumplir; en marzo se terminaron de pagar los de diciembre.

Sin embargo, alrededor de 8000 millones de pesos de deuda vieja estaban en la nebulosa. Las primeras reuniones entre el equipo del número uno de Vialidad Nacional, Javier Iguacel, se empezó a delinear la posibilidad de emitir un bono. El antecedente que se mencionaba en esas reuniones eran los papeles que emitió el gobierno de Mauricio Macri cuando se hizo cargo de la Ciudad y se encontró con una deuda, mucho menor por cierto, heredada de la gestión de Aníbal Ibarra. Aquellos documentos pasaron como rayo por las manos de los constructores y terminaron en manos de los bancos a cambio de un descuento. La Ciudad pagó sus deudas y constructores y bancos quedaron satisfechos.

Ahora, todos se preparaban para una solución similar. Pero el Gobierno sorprendió. Les tiró sobre la mesa otra propuesta. Dijo que pagará alrededor de 1000 millones de pesos por mes para llegar a fin de año con aquella deuda saldada. Cuotas iguales, mensuales y consecutivas

Los constructores tomaron la propuesta y se entusiasmaron con los ceros. Luego se calmaron, agarraron sus planillas de cálculo y sacaron cuentas sobre lo que ya se perdió y lo que significa tener los pagos al día, casi una rareza en ese mundo salvo que el apellido fuese Báez.

Por ahora, el acuerdo está cercano pero no cerrado. Los constructores no son una masa pétrea y además, cada uno tiene sus apuros. Sin embargo, la mayoría acompaña. En Vialidad son optimistas.

Mientras tanto, el Gobierno ya les adelantó que la idea es terminar la gran mayoría de las obras iniciadas en las rutas nacionales sin peajes. Luego está el universo de los corredores con peaje. Allí el panorama es distinto. El Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi), un ente depende de Vialidad Nacional, ya comenzó a evaluar cada una de los proyectos que existen. El sistema que rije es un híbrido que no dio resultados. En 2011, el kirchnerismo armó un esquema mediante el que las constructoras licitaban un paquete de obras en una traza y como condición tenían que mantener la ruta, cobrar el peaje y cortar el pasto. El dinero para las obras no llegó nunca y la calidad de la mantención bajó al punto que todos los corredores viales están en peores condiciones que hace cinco años. A ese esquema le queda un año de prórroga y todo hace suponer que continuará.

El Gobierno ya les adelantó a los concesionarios que de aquel paquete de obras sólo quedarán algunas. Según publicó LA NACION, de los 720 contratos que estaban vigentes a fin del año pasado quedarán apenas 430. Las beneficiadas fueron los grandes corredores viales que se identifican con rutas nacionales que tienen un solo dígito. Allí irá la obra vial en el corto plazo.

La "lista de la felicidad" que venía de la oficina de López ya es historia pero los pagos antes de fin de año aún una promesa. En el medio hay negociaciones que les han dibujado una mueca más relajada a los constructores.